agosto 27, 2018

Los libros y el inigualable placer de leerlos… se pierden

El contacto con el papel, el olor incomparable de los libros, de la tinta que plasma letra por letra cada historia, es lo que provoca esa adición por los libros impresos, aseguran aficionados a la lectura y dependientes de librerías en la Ciudad de México.

En el Metro, Imelda González se prepara para abordar el transporte y continuar con la lectura de “El amor en los tiempos del cólera”, de Gabriel García Márquez. Entre aventones de usuarios por ganar uno de los asientos, la joven de 26 años logra entrar al vagón y colocarse al lado de una de las puertas.

En cuanto el tren avanza, Imelda abre el libro de pasta amarilla, lista para continuar con la lectura, pero antes comenta que “leer en el trasporte público le da valor a ese tiempo, que para muchos es tiempo perdido”.

“Yo viajo todos los días de la estación Cuatro Caminos al Zócalo, pero hago que mi tiempo tenga una mejor inversión”, refiere la joven mujer.

Imelda González forma parte del escaso porcentaje de mexicanos que gusta de la lectura, ya que de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), México se ubica en el lugar 107 de 108 en consumo de lectura.

En promedio, cada mexicano lee menos de tres libros al año y dedica tres horas a la semana a la lectura extraescolar, en comparación con otros países en donde sus habitantes consumen al menos 12 libros al año, como es el caso de Alemania.

En entrevista con Notimex, Noemí Hernández reconoció que actualmente lee poco debido al trabajo y a las tareas que tiene en su hogar, entre las que destaca el cuidado de sus hijos.

Sin embargo, subrayó que “leer, oler, cambiar una por una, cada hoja del libro, regala una sensación diferente a todos los sentidos del ser humano, que no dan los libros digitales”.

“Si de lo que se trata es de saborear al máximo las historias, entonces eso sólo lo da el hojear una por una las páginas de un libro, con ese olor que despiden el papel y la tinta, y que sólo tiene los libros impresos”, agregó.

De acuerdo con resultados de un levantamiento del Módulo sobre Lectura (Molec) sobre el comportamiento lector de la población de 18 y más años del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en febrero de 2018, de cada 100 personas 45 declararon haber leído al menos un libro en el último año.

El motivo principal de la lectura de libros es por entretenimiento y el lugar preferido es el domicilio particular.

Sin embargo, para el señor Javier Maldonado no existe lugar en el que un libro no sea capaz de llevar al lector a cualquier mundo. Al de la fantasía, al del amor, al de la política o al de la ficción.

Sentado en una banca de la Alameda Central, sin importar que una inminente lluvia esté a punto de caer, Javier, de 67 años, señaló que su afición por los libros es desde muy pequeño.

Por un momento cierra los ojos, luego los abre como viendo al infinito y exclama con emoción y agradecimiento: “Mi madre me inculcó el amor por los libros. Desde muy pequeño me leía cuentos, sobre todo a la hora de doimir, luego como una tarea y finalmente se quedó en mí como un gusto”.

De la población que declaró que sus padres o tutores les leían durante su infancia, se identifica que en mayor proporción la lectura la realizaba la madre, con 64.8 por ciento de acuerdo con el INEGI.

En un recorrido por librerías, empleados de los establecimientos aseguraron que pese a la preferencia por el producto impreso, la venta disminuye año con año, debido a que los consumidores optan por los libros electrónicos, ya que varios de éstos se pueden consular de forma gratuita.

Cristina Suárez, encargada de una librería de viejo situada en la colonia Roma Sur, expresó que es en la temporada de inicio de clases cuando se venden más libros.

“Aquí vendemos nuevos y usados, los precios de los usados son de hasta cinco pesos por un cuento, por ejemplo; pero ahora y a pesar de estos precios, la crisis ha llevado a poner ofertas en donde casi se regalan”, señala la empleada.

A este tipo de establecimientos vienen quienes, después de buscar en reconocidas librerías, no encuentran el libro o les dan la noticia de que está agotado. No siempre tienen suerte, pero cuando la tienen pagan por él hasta 80 por ciento menos.

En una breve encuesta, hombres y mujeres de todas las edades coincidieron en afirmar que para disfrutar de una novela, cuento o hasta entenderle mejor a algún tema de ciencias exactas, son mejores los textos impresos.